Manuel Ángel Cano Vélez en el Pregón de las Glorias 2016

Suena Salve Pastoreña

- ¡María, mira quien ha venido!

- Voy José, ¿quién anda por ahí?

- Aquí está tu prima Isabel, con el pequeño Juan.

- ¡Qué alegría me das!

- ¡Hola prima, ¿cómo estás?

- Bien, déjame que te vea.

- Dame dos besos anda, que hace ya ocho años desde que viniste a verme en Ain Karim.

- ¡Qué bien te veo Isabelita!

- Gracias. Tú también te conservas estupendamente.

- ¿Y ese paquete?

- Es para ti, ábrelo.

- A ver, ¡una túnica roja de lino! Es preciosa. Gracias Isabel.

- De nada María. Me alegro mucho que te guste.

- ¿Dónde está Juan?, que quiero verlo. Estará enorme.

- Ahí se encontró con Jesús y han salido corriendo a jugar con unas ovejas que se han apacentado en la peña, esa a la que le da sombra el granado.

- Vaya Isabel.

- ¿Si José?

- Es como si estuviera reviviendo una historia que me contó esta mañana.

- ¿Cuál es esa historia?

- Veréis. Escuchadme las dos.

- Atentas estamos.

- Dentro de mil setecientos años, un fraile, que viene a ser así como un sumo sacerdote, de la ciudad de Hispalis, encargó un cuadro a un pintor de una pastora, que estaba sentada en una peña, a la sombra de un granado y con ovejas alrededor.

- ¿Qué casualidad, no? Como aquí.

- Casualidad Isabel, o no, porque Jesús es muy dado a estas historias. La pastora, según Él, tendrá la linda cara de tu prima.

- Es precioso, pero bueno, nosotros no estaremos allí para verlo.

- No prima, pero ya sabes todo lo que le rodea. Yo estoy segura que pasará como él dice.

- No lo dudo María, no lo dudo.

Termina Salve Pastoreña

En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen Santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas, de blanco pellico ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el entorno de su cuerpo, y hacia el derecho en las espaldas, llevará el sombrero pastoril y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá al Niño y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge a su regazo. Algunas ovejas rodearán la Virgen, formando su rebaño y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del Ave María con que la veneran...

Estas fueron las instrucciones que Fray Isidoro de Sevilla dio al pintor Alonso Miguel de Tovar en 1703 para que dejara constancia física de la visión que había tenido. Nacía la advocación de la Divina Pastora de las Almas tal como la conocemos hoy.

Gianlorenzo Bernini, autor del baldaquino de la Basílica vaticana de San Pedro o del famoso Éxtasis de Santa Teresa, está considerado el creador del barroco. Su máxima aspiración siempre fue tratar de convertir su escultura en pintura. Y a fe que lo consiguió. El conjunto escultórico de la Pastora de Santa Marina, realizado en 1705 por Francisco Ruiz Gijón, no deja de ser lo mismo, pero al contrario, el deseo de convertir la pintura encargada por Fray Isidoro en escultura. Y él, también lo consiguió.

En La isla, su autor, aunque en un estilo más clásico que el del escultor utrerano, también plasmó a la perfección en el bendito simulacro la idea del lienzo sevillano. Y la Hermandad cuida al máximo el conjunto, para que cuando la Pastora sale a la calle, con la luz del atardecer agosteño, la estampa simule un perfecto rompimiento de gloria, con un celaje celeste concepcionista invadido por la espectacular unión de Virgen, Niño, árbol y cordero, conectando lo terrenal con lo sublime, sugiriendo la apertura del cielo para la bajada de la Señora a su barrio que llamaban de Olea y que ya nadie entiende que pueda tener nombre más bonito que de la Pastora.

Una Hermandad, que como todas ha ido viviendo diferentes vicisitudes a lo largo de su historia. Desde finales del XVIII en pleno apogeo del reinado de Carlos III, muy posiblemente alentada por las predicaciones que el Beato Diego José de Cádiz desgranaba entre nuestros paisanos de la época. Una Hermandad que construyó su templo acabando el citado siglo y que se distingue como real poco antes de la guerra civil.

Una Hermandad, renovada y revitalizada en los años setenta del pasado siglo por un grupo de jóvenes que vinieron a conocerse con el nombre de “Juven-Pas”. Unos chavales que hoy han crecido y han hecho crecer a su cofradía hasta límites nunca imaginados por ellos mismos en todos los ámbitos posibles, empezando por el devocional, el patrimonial, el corporativo y terminando por el más importante en estos tiempos que corren, el caritativo, donde son santo y seña en la parroquia.

Una generación de dirigentes cofrades preparados y entusiastas cuyo logro más importante para la historia de su Hermandad acontecía en el año del Señor de 2004. Un hito en el que tuve la dicha de participar como espectador en la gloriosa mañana y como hermano de cirio en la jubilosa tarde-noche que llevó a la Virgen a todos los corazones de un barrio feliz y entregado. Una jornada para el recuerdo cuyo momento álgido tengo grabado en mi memoria y que vino a ser más o menos así.

Amanecía noviembre. Don Antonio Ceballos, hisopo de granado carmelitano en mano bendecía las potencias del Niño y el aro y la corona de la Virgen, que refulgentes recibían los besos de un sol radiante, impaciente y deseoso de que llegara el momento. 

Se había asentado en la plaza desde muy temprano, cubriendo de cálida luminiscencia todo el precioso conjunto que enaltecía el corazón del barrio. El prelado diocesano se dirigió hacia el Pastorcito Divino y depositó con mimo las potencias sobre sus dieciochescos rizos. A continuación subió la escalera para alcanzar el precioso rostro de la Pastora, y sobre la guirnalda de flores que ceñía su neoclásica sien acomodó la impresionante y valiosa corona de los “Delgado”, majestuosamente preñada de granadas y azucenas, mientras palmas, campanas y cohetes transformaban la expectación en sonoro jubileo. La colocación del aro de doce estrellas orantes de letanías completó la escena. De repente los rítmicos sones de la obra maestra de Franz Schubert llenaron la plaza...

Suena Ave María de Schubert

No es María ni su arte, pero qué queréis que os diga, yo soy más de mi Lola. Queridos amigos pastoreños, muchos dicho sea de paso, espero que os haya hecho revivir aquel preciado momento que sé tenéis guardado en vuestro corazón. Yo también.

“Ten a la Virgen por abogada, que huele a incienso muy bien… porque si fueres devoto de ella, sentirás deshacerse las tentaciones, como la cera delante del fuego". Este otro pensamiento de Juan de Ávila nos describe a la copatrona y sus virtudes. Pedidle ayuda a la Pastora cada vez que lo necesitéis. Suele ir bien.

Si os da apuro el dirigiros directamente a Ella, podéis acercaros por la calle Constructora Naval, pero no os demoréis, que no les queda mucho tiempo. En el torno podéis pedir visita y cuando estéis en el locutorio, frente a esas cuatro mujeres que se han dejado su vida entre esos muros construidos a base de rezos, contadles vuestras tribulaciones. Ellas las recogerán y la pondrán en sus manos. Ya veréis como todo se resuelve.

Capuchinas de La Isla

antes que os tengáis que ir

decidle a aquella Pastora

que vuestra vida está aquí.

Que os haga ese milagrito

a ver si puede abolir

esa dolorosa orden

que os reclama ya partir.

Decidle que queréis verla

por las rejas discurrir

en otra tarde de agosto

cuando pase por allí.

Que queréis sentir las marchas

en el aire pervivir,

el golpe del pertiguero

y la madera crujir.

Y las voces de los niños

que delante suelen ir

vestidos de pastorcitos

y sin parar de reír.

Mira que suele ir bonita

y que le gusta lucir

siempre sus mejores galas

para Murillo subir.