Y si aún no tienes claro

qué es la Gloria, compañero

yo te pido que te acerques

cualquier sábado de invierno

al barrio de la Pastora,

que “oigas” Misa en su Templo

y allí mismo le preguntes

a cualquier buen pastoreño

qué entiende él por la gloria,

y te subirá hasta un cielo

que es camarín de una Reina

con cayado y con sombrero,

que te mira de reojo

a través de unos espejos.

Ya sobrarán las preguntas

y entenderás de momento

cuál es sin duda la gloria

¡la Gloria del Pastoreño!

En la Pastora dejaste a una Madre con su coqueta pamela y ese “aire de pueblo” que encandila a su feligresía. Nunca existió mujer mas bella y agraciada, ni con tan exquisito porte par vestir tal prenda. Pero un buen día el pueblo decidió cambiártela, arrebatártela para colocarte Madre una corona que agrandara – si ello fuera posible- tu reino.

Pastora querida, divina co-patrona de la Isla entera, cada 15 de agosto toda una ciudad te acompaña en tu cortejo, viendo -obnubilado- tu mirada de amor, tu mirada de Madre cuidando de tu divino pastor entre gritos y algarabías, entre vivas y entre oles de un pueblo que te aclama y te venera, te canta y te chilla y que siente en su pecho el orgullo de llevar la medalla de tu hermandad, el orgullo de ser pastoreño.

Nuestra Hermandad siempre ha priorizado la información a los hermanos. Considera muy importante que nuestros hermanos estén constantemente al día de los cultos, proyectos, actividades y de todo lo que tenga que ver con nuestra Hermandad. En este sentido no falta la comunicación vía internet, imprescindible en estos tiempos, para lo que se cuenta con esta WEB, página de Facebook, Twitter e Instagram.  Pero también somos conscientes de que una parte de nuestros hermanos no se han adaptado a las últimas tecnologías y no por ello les puede faltar la información, por lo que desde el año 2008 se retomó el concepto de "Boletín Trimestral", una sencilla hojilla donde informamos a los hermanos de la actualidad de la Hermandad.

En este apartado se podrán consultar todas las Hojillas distribuidas hasta la fecha (pinchar las cabeceras).

 Portadilla hojillas trimestrales 10 

2008

Portadilla hojillas trimestrales 10

2009

Portadilla hojillas trimestrales 10

2010

Portadilla hojillas trimestrales 10

2011

Portadilla hojillas trimestrales 10

2012

Portadilla hojillas trimestrales 10

2013

Portadilla hojillas trimestrales 10

2014

Portadilla hojillas trimestrales 10

2015

Portadilla hojillas trimestrales 10

2016

 

 

Suena Salve Pastoreña

- ¡María, mira quien ha venido!

- Voy José, ¿quién anda por ahí?

- Aquí está tu prima Isabel, con el pequeño Juan.

- ¡Qué alegría me das!

- ¡Hola prima, ¿cómo estás?

- Bien, déjame que te vea.

- Dame dos besos anda, que hace ya ocho años desde que viniste a verme en Ain Karim.

- ¡Qué bien te veo Isabelita!

- Gracias. Tú también te conservas estupendamente.

- ¿Y ese paquete?

- Es para ti, ábrelo.

- A ver, ¡una túnica roja de lino! Es preciosa. Gracias Isabel.

- De nada María. Me alegro mucho que te guste.

- ¿Dónde está Juan?, que quiero verlo. Estará enorme.

- Ahí se encontró con Jesús y han salido corriendo a jugar con unas ovejas que se han apacentado en la peña, esa a la que le da sombra el granado.

- Vaya Isabel.

- ¿Si José?

- Es como si estuviera reviviendo una historia que me contó esta mañana.

- ¿Cuál es esa historia?

- Veréis. Escuchadme las dos.

- Atentas estamos.

- Dentro de mil setecientos años, un fraile, que viene a ser así como un sumo sacerdote, de la ciudad de Hispalis, encargó un cuadro a un pintor de una pastora, que estaba sentada en una peña, a la sombra de un granado y con ovejas alrededor.

- ¿Qué casualidad, no? Como aquí.

- Casualidad Isabel, o no, porque Jesús es muy dado a estas historias. La pastora, según Él, tendrá la linda cara de tu prima.

- Es precioso, pero bueno, nosotros no estaremos allí para verlo.

- No prima, pero ya sabes todo lo que le rodea. Yo estoy segura que pasará como él dice.

- No lo dudo María, no lo dudo.

Termina Salve Pastoreña

La vecina más antigua del Barrio...

          Mi infancia transcurrió correteando la frontera sentimental que reparte la historia de dos barrios, la Pastora y el Cristo; aquí trataba que mi tiempo también se repartiera por igual entre el colegio Quintanilla, los juegos en la calle, las catequesis en la Capilla del Cristo Viejo cada sábado por la mañana... Y la Sesión Infantil del Cine Almirante... Lógicamente, equilibrar la balanza resultaba bastante difícil... Pero llegaba tu tiempo Pastora, te hacías presente y siempre ponías todo en su sitio...

         Tu Imagen, gracias a la continuada sensibilidad fotográfica de Juanjo Romero, año tras año aparecía por todo el rosario de tiendas de la Calle San Rafael, algunas ya desaparecidas, o en los zaguanes de las antiguas casas, sentada, saludando o recibiendo a todo aquel que pasaba y cruzaba su mirada con la tuya, siempre llena de confianza y dulzura como las de aquellas abuelas que, al caer el Sol, tomaban su sillita de enea y convertían las calles en el mejor patio de vecinos...

EL RECUERDO; LA GLORIA

Quiero que esta historia

Sea el recuerdo y la ilusión,

Que desde niño el Pregón

En mi corazón se escribía,

Y la encierro en la memoria.

Si alguien conoce la Gloria

De esta tierra mariana

La mía vive en un barrio

De espigadas almenas

De fachadas encaladas,

Donde vive una princesa

que sonríe mientras lo guarda.

Aquí me tienes de nuevo

Madre Divina del alma

Sólo soy un Pastoreño

Que soñó ser Pregonero

Ante tus Benditas Plantas.

Cuando la cera ya no es más que un recuerdo rígido en una tulipa, todavía por limpiar. Cuando la túnica descansa en una percha dormida, en un rincón de la casa. Cuando el incienso es sólo ya un sentimiento de recuerdos añorados, en nuestra mente.  Cuando nuestros pasos ya no son “Estación”, ni “trepá”, ni bulla, sino recuerdos. Cuando sólo quedan un sin fin de ideas, memorias e ilusiones por cumplir el año que viene…. atrás quedó la Penitencia, es el momento de la Gloria.

Como habrán podido saber hace unos instantes en mi presentación, quise venir al mundo, a este mundo redondo e imperfecto cual bola de cera que aguarda una nueva Semana Santa, un 12 de agosto, un lunes 12 de agosto, en esa jornada en la que por vez primera se abren los cerrojos de los verdes portalones de la iglesia de la Pastora para darle paso a toda la luz que la tarde agosteña refleja en el dorado altar caminante que se presenta en el epicentro de un barrio haciéndose luz y frontal dorado, todo uno, como crisol de amor que coronó a la Virgen que es oración en los cientos de pastoreños que acuden cada año a la cita obligada.

En esa jornada en la que vuelven a sonar en el eco del templo pastoreño las notas y letras que Juanjo romero compusiera como supremo epitafio de la devoción a la Madre del Buen Pastor mientras que el incienso transmina entre los ricos bordados y la plata labrada.

María, cada 15 de agosto, es copatrona de una Isla que la adora entre multitudes entregadas a su interminable dulzura…

Porque ha de ser así

Pastora de amor tan noble.

Tiene que ser tu gracia

la que en agosto asombre

a quien se acerque a tu paso

bajo el granado y las flores.

Tiene que ser así

señorío y grandeza

de una Madre coronada

con la devoción de un barrio

en sus sienes y en su nombre.

Tienes que ser así,

Pastora mi sur y norte,

la alegría de mi alma

cada vez que yo te nombre.

La gloria nos espera, hermanos: San José, Santa Elena, el Rocío, la Divina Pastora, la Virgen de los Ángeles, la Virgen del Carmen, y de nuevo la Navidad que dará paso a la cuaresma para que la Semana de Pasión nos lleve de nuevo a las corporaciones gloriosas, y así otra y otra vez. Un ciclo que se repite anualmente, y nosotros somos los encargados de seguir potenciando esta forma de entender la fe, de esta hermosa manera de seguir haciendo iglesia, de seguir proclamando durante el año entero y a cara descubierta que somos cristianos comprometidos en esta laica sociedad en la que vivimos, esta forma de vida en la que queremos que nos identifiquen con orgullo de quienes somos y lo que somos.

Yo lo tengo claro, y así soy y así me conocen, con mis defectos y virtudes, soy cristiano, cofrade y sobre todo pastoreño, y a boca llena lo proclamo, ¡SOY PASTOREÑO! y en la gloria pastoreña quiero seguir estando, quiero seguir viviendo en mis días terrenales y es a la que aspiro cuando esos días toquen a su fin, la gloria pastoreña, ese lugar eterno, paraíso celeste, esa eterna romería, donde si Dios lo quiere vaya mi alma cuando falte en esta Isla del Carmen, por eso hermanos, por eso amigos cofrades, vivamos ya las glorias para que juntos a la gloria nos vayamos.

Pero a mí me gusta tornar mi cara en asombro, hasta hacer que el galope de mi corazón arrase en mis entrañas, cuando me adentro en el barrio de la Pastora. Cuidado, que entramos en los repelucos de Dios. En la tierra blanca prometida a una devoción cañaílla. Y me gusta entrar en el barrio con la prisa fondeada a la espalda, con las puertas del corazón bien engrasadas dispuestas a abrir y cerrar cada vez que el viento reparta sus aromas. Sus ecos moldean los sueños y me dejo llevar por la cadencia de sus calles que irremisiblemente conducen hasta donde el amor se encuentra a sí mismo. El amor. El amor en este barrio se refleja en las fachadas vistiéndolas de un blanco distinto, verdea los árboles y esparce un boceto de sombras que mantienen el juego de los pájaros. El amor en este barrio emana de un manantial que huele a romería, a tardes de Agosto, y a tertulias en torno a un peñasco en el que reposa una doncella de ojos claros, y manos blancas como el alba del paraíso.

Pero aunque mi glosa esté concluida, permitidme que, la oportunidad de alabar ante vosotros la Pasión del Señor, pueda ser firmada por este rendido pregonero. Dejadme, si acaso, que estos papeles impresos sean rubricados con la tinta de mi devoción comprometida en los últimos años.

Consentidme, pues que, en el instante final, mi voz se impregne de la gloria mariana que un día llegó a este risco florido que es su Isla, para pastorear las almas de quienes buscan fervientes al Buen Pastor.

Todo lo que mis sentidos han experimentado con mayor intensidad, ha brotado de las vivencias en hermandad. Con mi Hermandad de la Divina Pastora.

Todos sabéis a qué me refiero pues, todos, cada uno en vuestra cofradía, habéis degustado las delicias de momentos irrepetibles.

Por ello, hermanos cofrades de San Fernando que conocéis la pasión que generan nuestras devociones, no me tengáis en cuenta, - disculpadme, si es preciso,- si mis últimos segundos los dedico a decirle a mi Divina Pastora, lo poco que me cuesta amarle…

Bien entrado el verano, cuando los calores de agosto espesan el aire de media tarde, los gorriones buscan el agua fresca de las fuentes y los gatos dormitan ausentes en las sombras de la calle. Cuando las “corchuelas” bailan entre los ojos del puente Zuazo jugando con la corriente y las mojarritas saltan en los canastos como plata viva y delicada, hay un barrio en la Isla que se engalana y presume de nombre, que es nombre de Madre y de Pastora.

Sentadita en esta tarde

que suena a calma y a gloria

retales en la memoria

que toman el pensamiento

canto de alondra que el viento

recorre entre tus corales.

Que la calle sabe a Salve

y el labrado de tu paso

desliza el sol muy despacio

llenándote de colores.

Suspiro de ruiseñores

en el cielo de tu frente

amor que no se comprende

canto desesperado.

Que este barrio Señora

quiso llamarse Pastora

para sentirse a tu lado.

Como tampoco me pudo extrañar que la Divina Pastora me hiciera el mejor regalo de bodas de todos. Sin saberlo, Inés, fijamos la fecha. Y sin saberlo nos descubrieron meses después que ese dia era la víspera de su besamano otoñal. Aún recuerdo el olor a nardos que inundaba la iglesia en esa lluviosa mañana, aún me eztremezco al pensar en ese día. Y aún recuerdo como también esa mañana, la Pastorcita Divina estuvo abajo con nosotros, frente a frente. Más cerca que nunca. Esa Pastora coronada, que tanto significa para ti y para mi, ese día quiso estar con nosotros en el altar mayor de la iglesia. Y quiso bendecirnos con su dulce mirada y alegrarse con nosotros con su eterna sonrisa. Y ese  día, a pesar de la lluvia, brilló un sol radiante e inmenso dentro de la Pastora, por eso no nos importó que afuera estuviera diluviando en ese 25 de octubre.

Durante este recorrido me he detenido tranquilamente en la parroquia de la Pastora, parroquia que acoge a esa hermosa Divina Pastora de las Almas.

Y es que casi nadie sabe que sus ojos, esos preciosos ojos de la Divina Pastora fueron los que por primera vez me hablaron y me miraron con una comprensión y un cariño que yo no podía explicar, pues contaba con muy pocos años.

Era alumna del colegio Manuel Roldán. Asistíamos a los jueves eucarísticos donde rezábamos y cantábamos. La profesora me quitó del coro porque desafinaba, pero yo, lejos de enfadarme, me alegraba, porque así, solo tenía que sentarme ante ti y mirarte.

Y gracias como no a ti, mi vida, mi cielo, mi todo.... Tanto te debo que nunca he sabido como expresarlo. El estar hoy aquí te lo debo a ti. Cuantas veces me he sentado delante tuya y no he sabido que decirte. Cuantas cosas hemos vivido juntos y que forman parte de mi vida y de tu hermandad. Cuantos momentos duros y de adversidades recompensados después por alegrías y satisfacciones. Cuanta semilla sembrada en tu redil, del que forman parte desde que nacieron mis tres hijos, Alfonso, Rocío y Javier... a los que te pido que los lleves siempre de tu mano.

Y ahora se confunden la Virgen del Huerto y la Pastorita.

¡Es mucha Gloria la Gloria, que Dios bajó de su Cielo! Que rompe la rima, la prosa, roto queda hasta el verbo y pide fuerzas, para seguir el pobre pregonero que en el sueño de ver a su Pastora en los ojos de su Virgen del Huerto, ha confundido la corona de la Coronación de sus anhelos y mira cómo corona a su Pastora y a su Huerto, y parte los cánones estéticos que dicen que no se pueden por imperiales unir canasto y ráfaga de Dolorosa sobre la frente bendita de la que es Reina Carraqueña desde que a la Isla vino desde el Firmamento capuchino que soñó Fray Isidoro y vivió en el patio de Olea.

Pero aquí están unidas.