Desde semanas antes, se empezaba a levantar el monumental altar que albergaría el desarrollo del pontifical. Los operarios fueron dirigidos por nuestro hermano Antonio Sánchez Aguilera, sobre la idea de Antonio Luque Márquez y proyecto técnico de Manuel Ubaldo Martín Fernández.

De igual modo, por las calles del barrio y en toda la calle Real, se colocaron en las farolas gallardetes de color burdeos que anunciaban la Coronación Canónica de la Divina Pastora. Todo el recorrido de la procesión fue engalanado con reposteros que fueron confeccionados por un grupo de hermanas en los Salones Parroquiales y las asociaciones de Mujeres Isleñas, Pastoreñas y Divina Pastora.

GALLARDETE

Tras los nervios ocasionados por la adversa climatología de los días previos, “la lluvia quiso colarse pero no estaba invitada”, que diría el pregonero, llegó el ansiado día 1 de noviembre, Solemnidad de todos los Santos. Un sol radiante resplandecía en una plaza de la Pastora totalmente engalanada de gallardetes, banderas, colgaduras y reposteros. La plaza según lo previsto por la comisión de protocolo, quedó dividida en varias partes.

El altar quedaría instalado en la calle Daniel González. A partir de ahí, habría tres zonas, una para invitados y representaciones, una segunda para los hermanos y parroquia y una tercera para el público en general, que se hizo extensiva a la calle Daniel González hasta su confluencia con Santo Domingo.

El presbiterio estaba engalanado con grandes centros de flores blancas y destacar que en la mesa de altar se colocó el frontal de plata de la Iglesia del Arsenal de La Carraca, cedido para la ocasión, y el ambón de la Iglesia Conventual del Carmen.