Juan Manuel Rueda Cebada en el Pregón de las Glorias 2015

La vecina más antigua del Barrio...

          Mi infancia transcurrió correteando la frontera sentimental que reparte la historia de dos barrios, la Pastora y el Cristo; aquí trataba que mi tiempo también se repartiera por igual entre el colegio Quintanilla, los juegos en la calle, las catequesis en la Capilla del Cristo Viejo cada sábado por la mañana... Y la Sesión Infantil del Cine Almirante... Lógicamente, equilibrar la balanza resultaba bastante difícil... Pero llegaba tu tiempo Pastora, te hacías presente y siempre ponías todo en su sitio...

         Tu Imagen, gracias a la continuada sensibilidad fotográfica de Juanjo Romero, año tras año aparecía por todo el rosario de tiendas de la Calle San Rafael, algunas ya desaparecidas, o en los zaguanes de las antiguas casas, sentada, saludando o recibiendo a todo aquel que pasaba y cruzaba su mirada con la tuya, siempre llena de confianza y dulzura como las de aquellas abuelas que, al caer el Sol, tomaban su sillita de enea y convertían las calles en el mejor patio de vecinos...

           Y es que mis primeros recuerdos de Ti me llevan a finales de la década de los 80 del siglo pasado, observándote con curiosidad en la entrada o en los escaparates de algún comercio de mi barrio. Eso sucedía cuando por un momento, conseguía evadirme de los juegos en aquellos veranos de la infancia que a esa edad a todos nos parecían eternos... Esa estampa, esos carteles, me detenían en seco y me llamaban la atención por dos motivos principales: el primero, porque entonces no saturaban la ciudad en tal número que casi llegan a dejar de cumplir precisamente esa función. El segundo, porque a diferencia del 99% de aquellos voceros, no anunciaba la Semana Santa o ninguna de sus siete jornadas en particular, sino una fecha, un día, 15 de agosto en San Fernando, con todo lo que, al cabo de los años, exactamente en 1993 y revirando la esquina de las carmelitas con la C/ Colón, tomaría conciencia de lo que envuelve y significa para tantas y tantas Almas: una gloria, un Barrio y Su Pastora.

         ¿Y cómo no iba a ser en uno de esos patios donde la Reina y Emperatriz sembrara junto a hierbabuenas y jazmines el más hermoso arriate de devociones? ¿Acaso pensáis que Ella iba a preferir aquel Castillo, aunque muy cerca estuviera y casi pudiera ver con sólo asomarse a la casapuerta? Al cabo de los años, la abuela, la madre y la vecina más antigua del Barrio sólo quiso mudar su sitio, su patio y su capilla de la mano y junto a aquellos hijos que soñaron, como Fray Isidoro, tenerla siempre en lo más alto de una Casa a Su medida, si es que se puede acotar, Señora, el amor que se te tiene...

         Y a falta de un patio, dos: uno eternamente abierto como los brazos del Buen Pastor y al abrigo de esa morera de sentimientos, alguna vez encontrados, pero que al final encuentran la medida en la balanza del Coronel que en lo más alto de la azotea y con sólo un suspiro de Tú nombre vira voluntades y señala el mejor sentido de nuestras intenciones. El otro, más adentro y con tu retrato en lo más alto, es el patio en el que se arremolinan los nervios y las voces de un coro poco antes de que la campana repique la Solemnidad de tu Asunción o cuando te cantamos Reina Coronada de Todos los Santos; un patio, en fin, donde nunca una convidá o una merienda con chocolate han tenido mejores propósitos de querer al hermano como a uno mismo.

         Porque, al contrario de lo que a veces pueda parecer, cada capítulo del libro de la Historia de nuestras hermandades es la proyección del espíritu de los hermanos que lo han vivido en lo bueno y en lo menos bueno... Me consta, que el espíritu de generaciones y generaciones de pastoreños ha sido tomar como suya la frase evangélica en la que el Pastor de la Grey, el que como dice el Papa Francisco, de verdad huele como su rebaño proclamaba: "quien quiera ser grande entre todos, sea como el menor; y el que dirige, como el que sirve".

         Pero sabes Pastora, que yo no te merezco. Andas Tú más tiempo buscándome y yo en mis cosas que teniéndome cerquita, en tu Redil. Sabes Pastora, que muchos sólo te escuchamos cuando por tres veces nos llamas tu "cayao"; es entonces cuando nos dejamos ver, aunque sea por unas horas... Sabes Pastora, que coronarte de verdadero amor no es aparecer un 15 de agosto llamando tu atención y mirándonos a nosotros mismos, sino parecer no estar a los ojos de los que te rodean... Y sabes Pastora, que nuestra devoción debemos cincelarla a golpes de fe y no a golpes de pecho que rápidamente se desinflen y que no vuelven a sentirte... Ni a verte siquiera… Pero hemos aprendido Pastora, que por encima de ese corto entendimiento de los hombres que nada tiene que ver con la justicia divina, esa, que sí se decretará sobre nosotros al final de los tiempos, poniendo además por delante toda humildad escrita en ese título franciscano, que en este valle siempre inundado de más lágrimas de las que quisiéramos haber visto derramar por las mejillas de nuestra historia, TODOS SOMOS PASAJERA EXISTENCIA, obligada en el último aliento a soltar todo lastre de bienes y propiedades si es que verdaderamente queremos agarrar ese “cayao” de resplandores, alcanzar el último escalón y revestirnos de paz y bien contemplándote eternamente.

Paz y bien por Fray Isidoro

Cuando tuvo el privilegio

De soñar en el trascoro

Con los perfiles más regios

Con el verde de tus ojos.

Paz y bien por el Beato

Que de Ronda hasta los puertos

Con la cruz en una mano

Y tú nombre en cada rezo

Logró reunir un rebaño

De devotos carraqueños.

Paz y bien “pa” los hermanos

De la Pastora de siempre

Los que no le dan de lado

Y que saben ir de frente

Dentro y fuera de tu paso

Pastora, ¡esos sí son tus valientes!

Paz y bien por Doña Elvira

García Cantalejo

Paz y bien por nuestro hermano

D. Alfonso Berraquero

Que te ha ofrecido en vida

Hasta gastarse los dedos

Un arte hecho caricias

Por tú cara, por tus manos y por tú pelo.

Paz y bien a los pastores

Que clamaron en atriles

En altares y en sermones

La verdad nos hace libres

De alma limpia sin rencores

Que por mucho que te afliges

Y la pena te desborde

Sabe Dios “to” lo que escribe

Y enmendarnos los renglones.

Paz y bien porque es Real

Tu hermandad Pastora mía

Tan real como verdad

Son los versos que escribía

A la luz primaveral

De aquel patio de Sevilla

El poeta del cantar

La saeta a un Cristo Vivo

Al decir que el hoy está abierto

Como el mañana al infinito

Que tu pasado no está muerto, Pastora

Ni está el mañana ni el ayer escrito.