Manuel Jesús García Almarcha en el Pregón de las Glorias 2013

EL RECUERDO; LA GLORIA

Quiero que esta historia

Sea el recuerdo y la ilusión,

Que desde niño el Pregón

En mi corazón se escribía,

Y la encierro en la memoria.

Si alguien conoce la Gloria

De esta tierra mariana

La mía vive en un barrio

De espigadas almenas

De fachadas encaladas,

Donde vive una princesa

que sonríe mientras lo guarda.

Aquí me tienes de nuevo

Madre Divina del alma

Sólo soy un Pastoreño

Que soñó ser Pregonero

Ante tus Benditas Plantas.

Cuando la cera ya no es más que un recuerdo rígido en una tulipa, todavía por limpiar. Cuando la túnica descansa en una percha dormida, en un rincón de la casa. Cuando el incienso es sólo ya un sentimiento de recuerdos añorados, en nuestra mente.  Cuando nuestros pasos ya no son “Estación”, ni “trepá”, ni bulla, sino recuerdos. Cuando sólo quedan un sin fin de ideas, memorias e ilusiones por cumplir el año que viene…. atrás quedó la Penitencia, es el momento de la Gloria.

Cuando todo esto ocurre, es cuando más te necesito; es cuando más te echo de menos. Es cuando noto que el tiempo pasa más deprisa, cuando noto que los días vuelan en el calendario de mi vida. Es el tiempo de la espera, el tiempo de la tertulia entre los amigos, sobre lo que llega; lo que nos viene por vivir; comienza eso que nosotros, aquí en esta casa, llamamos el “rodillo pastoreño”; ese tiempo de ilusiones esperadas, en el que cada culto y cada acto, nos preparamos a vivir esa gloriosa jornada del año que cada día, cada noche sueño que llegue porque es cuando más cerca estaré de Ti

A cada momento, cierro los ojos e intento hacer que el tiempo pasa y que llego a ése ansiado 1 de Noviembre, fecha que está marcada a fuego en el calendario de mi corazón; sueño que vuelvo a estar junto a ti, que vuelvo a mimarte, ó a recordar, que por unos instantes volví a ser ése que al llegar el mes de agosto canta junto a un coro la grandeza de tu devoción, o que junto a mis hermanos costaleros, tiene la suerte de poder llevarte a la calle para que año a año te reencuentres, con tu barrio, tu pueblo y con esas hermanas que tan presente te tienen en sus vidas y que en la tarde quince agosteña te rezan desde la intimidad de un convento.

Ya ha llegado el momento, es el fin de la espera, es el momento de la Gloria, de mi Gloria. Momentos de oración, de rosarios, de cultos y de ave marías; de fe y emoción contenida, que nos dará el paso a la gloria concedida, que nos llevará de nuevo a recordar aquella gracia conferida, cuando de tu camarín bajes a mostrarte en nuestra cercanía.

Y así Pastora, el año pasa, cada 1 de Noviembre, en mí vida todo acaba. Porque vuelves a mostrarme la Verdad de tus entrañas. Y me das la mano, la que tiene la huella de tanto amor, la que es la herencia de nuestros mayores. La que no sé bien si beso o me acaricia. La que avanza para consolarme. La mano que coge la mía cuando estoy perdido. La del pañuelo que nunca llevas y que necesito cuando estoy afligido. Esa mano que me acerca, al final de cada año y me conduce al siguiente. La mano, que un día, me tenderás como ahora, para llevarme a la otra vida. Porque mi vida, Madre Mía, Pastora de mi Alma, es así, como un viejo calendario… que cuando todo termina, Tú le das el comienzo.

Los años han pasado

Sin que apenas lo notara

Agostos, octubres y mayos

Entre rezos y plegarias.

Los años han pasado

Y no sé lo que me pasa

Que si te tengo delante

Mis sentidos se desgranan,

Me tiemblan el pulso y la voz

Y es que me tiembla hasta el alma.

Los años han pasado

Desde aquella vez lejana

Donde postrado a tus plantas

Me colmaras con tu gracia.

Muchos años han pasado

Da aquella vez que de niño

Tu dulce mano besara

Un lejano mes de octubre

Prendido de ti me quedara.

Prendío de tus anhelos,

Prendío de tu mirada,

Prendío de tu quebranto,

Prendío de esas plegarias

Que ante tu imagen divina

Con tanto amor te rezara.

Tantos años a tu vera,

Tantos años a tus plantas

Y aquí me tienes de nuevo

En tan gloriosa jornada

De pregonar a las glorias

Con mis humildes palabras,

Para pedirte la venia

Como Reina de esta casa,

Y pedir tu bendición

Y que me des tu bendición

Pastora de nuestras Almas.

(…)

LA DIVINA PASTORA… Y EL SENTIMIENTO PASTOREÑO

Tu cara, tus ojos... Tu boca entreabierta, tu tez agarena, tus manos que me acarician. Tu prestancia, tu porte de Reina, el perfil de tu hermosura. Presentir tu presencia, respirar tu aliento, ver la luz de tu mirada. La silueta de tu sombra, la plenitud de tu gracia, el vacío sin Ti. El pecho que me cobija, la suavidad de tu dulzura, la impronta de tus ojos. Esencia de mi barrio, delirio de "La Isla", agua para mi sed, perfume para mis días, amanecer de mis noches oscuras. La cura de mis heridas, la que me quita las penas, mi bálsamo, mi faro, mi guía, mi refugio, mi fuerza, mi baluarte, el sustento de mi vida.

El sueño de Fray Isidoro y la Devoción de Diego José. Tú, todo Tú y sólo Tú.... Divina Pastora de las Almas.

Las últimas palabras de este Pregón, quiero que sean para ti, sólo y exclusivamente para ti, por todas esas cosas que te debo, por todas esas cosas que cada día en la intimidad, te agradezco; quiero que sean para ti, porque tú serás por siempre mi última palabra, como es el brillo de tus ojos la última luz que se apaga en mi esperanza y como es tu mirada en mi vida, Señora, el primer rayo de sol de cada uno de mis días. En este mismo momento, en el que el Pregón de las Glorias va llegando a su fin, voy a aprovecharlo para darte las gracias Pastora, por todas esas cosas que siempre he querido decirte y nunca he sabido cómo hacerlo.

Gracias Pastora, por dejar que un día cuando era pequeño, y vestía mi túnica, al entrar por las puertas de este templo en las fila de Nazareno me fijara en ti, me fijara en esos ojos verdes como la esperanza que en mi vida, cada día pones, o me fijara en ese humilde callao con el que a tus hijos nos has llevado a la Gloria. Es difícil creer, como una imagen tan pequeña, pero eso sí, con un semblante tan divino, puede ser el referente en las vidas de los vecinos de todo un barrio y el sol y la luna de los cofrades de su hermandad.

También quiero darte las gracias Pastora, por dejarme ser pastoreño, porque junto a ti encontré, como dice la rumba de mí querido amigo Juanjo Romero, “lo que quería encontrar, su gente de buena fe y la verdadera hermandad, todo lo que en mis sueños soñé”. Porque para los Pastoreños “la Pastora” y todo lo que engloba ese nombre, no es sólo la Hermandad, es mucho más; podría llegar a decir que incluso es una forma de vida y un orgullo el decir: SOY PASTOREÑO.

Porque para el Pastoreño la Pastora es…

Es más que una simple devoción y unos sentimientos, es un estilo de vida plena de fe profunda, colmada de esperanza y en la que reina el amor en alardes; todo ello, colmado por la alegría que produce la devoción.

La Pastora... es esta blanca capilla, donde cada mes de agosto desembocan caudalosos ríos de devoción y de amor, atraídos por el imán de la Virgen, que preside y da contenido a un mar de inmensos favores y de gracias infinitas.

La Pastora... es como una tormenta que rasga sus nubes para que nos llueva El Salvador, nuestro Pastorcillo Divino, que cala hondo en nuestras almas.

La Pastora… es un Barrio al que le da nombre nuestra Madre; es un Bar, es “Casa Naca”, una familia que lleva cincuenta años abriéndole las puertas de su casa a todo un barrio y el que durante todo el año sirve como punto de encuentro de Pastoreños.

La Pastora... es una medalla colgada, que permite que cada día nuestras almas renueven su fe, arrancando la dureza del pecado y brillando siempre el perdón.

La Pastora... es en navidad un belén de amores entrañables, que preside el Pastorcillo Divino, llenándolo todo de delicadezas para su Divina Madre; y donde la humildad y la pureza, son sus mejores adornos.

La Pastora… fue un cinco de enero el lugar escogido por los Magos de Orientes para adorar a nuestro Divino Pastor, un momento único en la Historia de la Hermandad que sirvió para remover en el Pastoreño el sentimiento mágico de la niñez.

La Pastora... es para esta Hermandad, “El Borreguito”, un periodo de tiempo de seis días en la Feria, en el que no se pone ni el sol, seis días para vivirlos con intensidad y gozo, sin desmayos; y luego todo un año para soñarlo y hacerlo vida en el recuerdo.

La Pastora... es una Salve, siempre emocionada, que se abre paso en medio del tiempo, es una devoción que se hace vida en el milagro; la mejor herencia para todos nuestros hijos.

La Pastora... es un coro que canta las grandezas de la Virgen, o una Cuadrilla de Costaleros que pasea a la Reina de sus Amores cada quince de agosto, o son niños y jóvenes que educan su fe durante todo el año bajo el amparo de la devoción de sus almas.

La Pastora... es un cúmulo de sentimientos de imposible explicación lógica, porque para los Pastoreños la Pastora, es nuestra fe.

La Pastora... es la casa de la Virgen.

Qué hablo de ti, Pastora Divina de las Almas

Si no sé hacer versos de cada palabra,

Si nunca pensé en subirme a este atril

Ni pregonarte a tus plantas.

Qué hablo de ti Pastora Divina,

Que tú no sepas del libro de mi vida

Si con sus luces y sombras

Tú, lo escribes cada día.

Si quiero mirarte bajo el granado

Y apenas te miro y mi pierdo la calma

Si quiero rezarte plegarias de besos

y tiembla mi voz en cada palabra.

Qué hablo de ti, patrona del tiempo

Si tienes el Barrio atado a tu encaje

Si en cada mecida que acuna tu paso

Ni el mismo Pastorcillo se atreve a besarte.

Si nunca rocé tu piel de canela

Ni fui mayordomo que abracé tu talle

Si siempre te rezo subida en tu paso

Si todos los años te llevo a la calle.

Que orgullo ser tu costalero

Y cada quince de agosto poder pasearte

Viendo en la cara de tus devotos

La emoción y la alegría de poder contemplarte

Qué hablo de ti, Divina Pastora

Si nunca lo escrito pudo plasmar

Tu dulce mirada que alegre solloza

Entre las calles blanquitas de cal.

Si solo me sale rezar y darte las gracias

Y perder el sentido por tu mirar,

Pedirte Salud, Esperanza y Piedad

Soñar que me dejes llevarte, Divina Señora

Llevarte a la calle, un agosto más.

Quisiera para terminar, despedirme de Ella, de mi Madre, de mi Pastora, a la que ruego nunca me abandone de su redil, que bendiga a sus hijos, a su Junta de Gobierno, a sus hermanos costaleros, a los niños del grupo infantil y a los jóvenes de la hermandad, que bendiga a este barrio y a esta parroquia.

           Y con las glorias a las puertas, y pensando que casi sin darnos cuenta, este templo será un hervidero de almas pastoreñas, esperando llevar a la calle a su divina Reina, y ante ella, quiero que mis últimas letras sean para recordar el acontecimiento más grande que cualquier pastoreño, haya vivido bajo sus benditas plantas. Aquel 1 de noviembre de 2004, será eternamente recordado por aquellos hijos suyos que tuvimos la enorme fortuna de vivir tan gloriosa jornada.

Cuántas anécdotas, vivencias, recuerdos, intimidades contigo que explosionaron aquella jubilosa mañana de noviembre. Ser partícipe de aquella efemérides, me lleva a la obligación de poder darte las gracias, Pastora, por haber estado ahí en ese único momento, en ese instante privilegiado donde la fe de tu pueblo, de tu barrio y de tu hermandad te coronó de amores y te proclamó como nuestra Divina Pastora de las Almas coronada.

Virgen de los Pastoreños;

Reina, Madre y Señora

De este pueblo isleño,

Que cada día, cada noche

Te reza y te implora

Desde los más dulces sueños.

Cuantas veces Pastora

Queremos soñar tus hijos

Con ese momento,

Con acariciar tú Corona

Esa ráfaga de sueños.

Cuantas veces Pastora

Al mirarte Señora

Yo imagino que salías

Con una corona de nardos

En tu frente pura y limpia

Con un vestido radiante

De azahar y agua marina.

De un blanco inmaculado

Y con tus mejores joyas,

Acariciando el callao

Con el que nos llevas a la gloria.

Y a tus plantas el Pastorcillo

Que es el mismo Dios

Con hechuras de “chiquillo”

Y que se pasa la vida entera

Jugando con el corderillo.

En aquellos días,

Soñaba Pastora

Que la fecha se acercaba

Que se notaba en el ambiente

Que la gente lo esperaba

Y tu barrio se rendía

Al soñar con la llegada.

Y el día amaneció,

¡Pastora, llegó la mañana!

La luz se desperezaba,

La lluvia quiso colarse

Pero el sol se lo negaba.

Era un día soleado con geranios que se asoman entre tu pelo rizado y el revuelo de las palomas.

Aquellas queridas plegarias

De las Hermanas Franciscanas

Al Señor se le clavaron

Con fervor y devoción

En la intimidad de la casa

De aquellas devotas santas.

Llegó la Hora,

Y el templo se abrió,

Y fue saliendo el cortejo

Y el incienso se quemó

Y nos dimos cuenta Pastora

Que la espera se terminó.

Sonaron las campanas

Cuando navegó tu paso

Por el centro del dintel

Y asomó la manigueta,

Y el oro jugaba inquieto

Entre las flores abiertas.

Y el aplauso de la gente

Con las gargantas “partías”

Y el corazón pregonero

Que apenas si me latía.

Treinta corazones

De un blanco inmaculado

Y el enorme privilegio

Con un costal por bandera

Paseando por la plaza

Su devoción más sincera.

Y las campanas sonaban

Por encima de la brisa

Buscándote a ti, Señora,

Porque la Corona, Pastora

Pronto sería bendecida.

Pastora, llegó la hora

Al término de la homilía

El momento se preparó,

Sólo silencio en la Plaza

La hora de la bendición,

Lágrimas en los ojos

De los pastoreños de corazón

Recordando a los que no estaban

A los que el Señor llamó,

Para tenerlos a su vera

El día de tu Coronación.

El tiempo se paró esa mañana

Y el cielo entero se abrió

Y el brillo de tus corales,

Pintaba con naturales

A la Reina de mi corazón.

Ya estabas coronada Madre,

Con repiques de campanas,

Fuegos, aplausos y tracas

Mucho júbilo en la Plaza,

Porque la Patrona del Barrio

Al fin era Coronada.

Y allí estaba tu pureza,

Rosa pálida encendida.

Y allí tu aurora entreabierta,

Azucena donde habitan

La hermosura de tus ojos

Y la devoción de la Isla.

De nuevo el silencio en la Plaza,

Una nueva ofrenda

En forma de voz gitana

Para cantar el Ave María

A la Pastora ya Coronada.

Las lágrimas en los ojos,

La oración estremecida

La ilusión en las miradas

Al verte allí madre mía.

Aclamando al cielo el Aleluya,

Volvías a tu Parroquia

Entre vivas y aplausos

Que nos recordaban de nuevo la Gloria.

Ibas radiante, Señora,

Y era un milagro tu risa

Y era un milagro tu cera

Ya Coronada y encendida.

Y era un milagro tu paso

Caminando de puntillas

Entre un mar de corazones

Y un trinar de Ave Marías.

Bendita seas Pastora,

Desde aquel bendito día,

Bendito tu barrio y tus gentes

Pueblo llano de tu Isla

Y bendita aquella hora

Y bendito aquel momento

En el que un Ángel bajó del cielo

Para llamarte la llena de Gracia.

La Esperanza de tu Pueblo

La Piedad del Pastoreño,

La Salud de los Enfermos.

Bendita Seas Pastora,

Desde aquel glorioso momento

En el que el mismo Dios

Bajó del Cielo

Para dejarte Proclamada

Por los Siglos de los Siglos

Madre de los Pastoreños Coronada.

He dicho.