Juan José Romero Ruiz en el Pregón de las Glorias 2012

La gloria nos espera, hermanos: San José, Santa Elena, el Rocío, la Divina Pastora, la Virgen de los Ángeles, la Virgen del Carmen, y de nuevo la Navidad que dará paso a la cuaresma para que la Semana de Pasión nos lleve de nuevo a las corporaciones gloriosas, y así otra y otra vez. Un ciclo que se repite anualmente, y nosotros somos los encargados de seguir potenciando esta forma de entender la fe, de esta hermosa manera de seguir haciendo iglesia, de seguir proclamando durante el año entero y a cara descubierta que somos cristianos comprometidos en esta laica sociedad en la que vivimos, esta forma de vida en la que queremos que nos identifiquen con orgullo de quienes somos y lo que somos.

Yo lo tengo claro, y así soy y así me conocen, con mis defectos y virtudes, soy cristiano, cofrade y sobre todo pastoreño, y a boca llena lo proclamo, ¡SOY PASTOREÑO! y en la gloria pastoreña quiero seguir estando, quiero seguir viviendo en mis días terrenales y es a la que aspiro cuando esos días toquen a su fin, la gloria pastoreña, ese lugar eterno, paraíso celeste, esa eterna romería, donde si Dios lo quiere vaya mi alma cuando falte en esta Isla del Carmen, por eso hermanos, por eso amigos cofrades, vivamos ya las glorias para que juntos a la gloria nos vayamos.

En la gloria pastoreña

yo me encuentro cada día

pensar tan solo en la Madre

que pastorea mi vida

queda serena mi alma

y mi conciencia tranquila,

y un gran remanso de paz

por mi cuerpo se desliza

cuando me postro a sus plantas,

cuando mis ojos la miran.

En la gloria pastoreña

está mi reina divina,

esa del pelo azabache,

la de la dulce sonrisa,

la de ojos esmeraldas

y sonrojadas mejillas,

con sombrero, con corona,

con tocado o con mantilla,

en su camarín sagrado

o en su paso de salida,

que más me da mientras Ella

cada día me bendiga.

En la gloria pastoreña

mi fe está siempre viva,

la fe que trajo ese fraile

de la ciudad de Sevilla,

fe que impulsó aquel beato

que predicó en nuestra Isla,

fe que llevó a sus hermanos

a levantar su capilla y

a fundar una hermandad

que sembrara esa semilla

que la historia se ha encargado

de mantener siempre viva.

En la gloria pastoreña

yo tengo a mi cofradía

la verdadera hermandad,

esa que por ti suspira,

es mi seña de identidad

es mi orgullo y es mi dicha y

no me pregunten porqué

que explicarlo no podría,

que sigo teniendo claro

y me da igual lo que digan

que sentirse pastoreño

es una forma de vida.

En la gloria pastoreña

tengo a toda mi familia

a los amigos de verdad

esos que nunca te olvidan,

amigos desde la niñez

que ahí están todavía

junto a otros pastoreños

de un redil que día a día

sigue creciendo al amparo

de una zagala divina.

En la gloria pastoreña

tengo mi barrio en la Isla,

tengo castillo y plazuela

tengo una iglesia chiquita

tengo eterna primavera

en cierros y celosías,

tengo mañanas perfectas

en tertulias distendidas

bajo una verde morera

y bajo el sol de mediodía,

barrio que dice la historia

cuando España era una isla

que la España libre empezaba

ante sus plantas divinas

y es que los cinco sentidos

en mi barrio se aglutinan

porque vivir en mi barrio

para mi es la gloria misma.

En la gloria pastoreña

mi alma por ti suspira

cuando va llegando agosto

y el calendario me indica

que la espera ya se acaba,

que los sueños se terminan,

que acabó la cuenta atrás,

que ya va llegando el día,

pa que se abran las puertas

y pastorees la Isla

con tu cayado de amores

con tu sonrisa infinita

junto a ese pastorcito

que es también gloria bendita.

En la gloria pastoreña

mi corazón se encandila

cuando sales de tu templo

y te da la bienvenida

ese barrio que es tu barrio

que el año entero te mima

y tu apareces radiante

como una reina divina,

cruzando la plazoleta

llegando a Capitanía,

cuando se escucha Amargura

revirando en capuchinas,

cuando vas bajando Ancha,

y la luna te ilumina,

al pasar por San Miguel

entre piropos y vivas,

bajando por Bonifaz,

por los pisos de marina

hasta volver a la gloria

de tu gloriosa capilla.

Y esa gloria pastoreña

cuando se acaben mis días

es la que sueña mi alma

por la que mi vida aspira,

sueño en hacer el camino

de la eterna romería,

sueño que cruzo las puertas

que van a la gloria misma,

sueño que puedo postrarme

ante esa gloria bendita

que es la reina de los cielos,

por quien mi alma suspira

y el sueño se habrá cumplido

ojalá Dios lo permita

cuando apaciente mi alma

en esa gloria infinita

de los prados celestiales

¡ DE MI PASTORA DIVINA!