Juan José Carrera Rojas en el Pregón Semana Santa 2011

Pero aunque mi glosa esté concluida, permitidme que, la oportunidad de alabar ante vosotros la Pasión del Señor, pueda ser firmada por este rendido pregonero. Dejadme, si acaso, que estos papeles impresos sean rubricados con la tinta de mi devoción comprometida en los últimos años.

Consentidme, pues que, en el instante final, mi voz se impregne de la gloria mariana que un día llegó a este risco florido que es su Isla, para pastorear las almas de quienes buscan fervientes al Buen Pastor.

Todo lo que mis sentidos han experimentado con mayor intensidad, ha brotado de las vivencias en hermandad. Con mi Hermandad de la Divina Pastora.

Todos sabéis a qué me refiero pues, todos, cada uno en vuestra cofradía, habéis degustado las delicias de momentos irrepetibles.

Por ello, hermanos cofrades de San Fernando que conocéis la pasión que generan nuestras devociones, no me tengáis en cuenta, - disculpadme, si es preciso,- si mis últimos segundos los dedico a decirle a mi Divina Pastora, lo poco que me cuesta amarle…

Qué poco me cuesta amarte,

mi Soberana Señora,

que me llevas de tu mano,

que me alumbras en las sombras,

que me guías, que me enseñas

curándome en la derrota,

calentando mis entrañas

al arrebol de tu aurora.

Qué poco me cuesta amarte,

pero cuánto, mi Pastora,

seguirte hasta tu Hijo,

de palabras y con obras.

Qué poco me cuesta amarte,

azucena entre las rosas.

Son pétalos que te besan

los piropos de mi boca,

aunque a veces, sin quererlo,

sean espinas, que te rozan,

mis abandonos perversos,

mis desidias, mis deshonras.

Qué poco me cuesta amarte,

sabiendo que Él perdona

y me devuelve a tus plantas,

donde mi alma reposa,

cual oveja acariciada

que en tu risco, temblorosa,

se refugia del malvado,

y al final la paz recobra.

Qué poco me cuesta amarte,

mi más tierna Pastora,

con manto rojo de Corpus

y saya de tus devotas,

con sombrero pastoreño,

o con ráfaga y corona,

con sarcillos de corales,

de oro… o cualquier cosa

porque en todos se refleja

esa belleza asombrosa

de tu cadente mirada,

de tus mejillas hermosas,

de tu sonrisa serena

que despierta mis auroras.

Qué poco le cuesta amarte

a éste que hoy pregona

a los hombres y mujeres,

alabada Copratrona,

la Semana Santa isleña

de la Pasión Redentora,

que el Cordero Inmaculado

padeciera en buena hora,

pa consagrarnos a ti,

a ti, como Mediadora,

de los fieles que en la tierra

con fe tu nombre invocan.

Pero deja que te cuente,

mi dulcísima, Pastora,

que cada quince de agosto

con sus benditos aromas,

con mis hermanos y hermanas,

se concluye y se corona,

mi Semana Santa de Gracia,

de penitencia y de Gloria.

La semana de plegarias

que en mi alma se desborda.

(Sones de “A la Reina del Barrio”. Agrupación Mcal. “Isla de León”.)

Enciende tu plazoleta.

¡Qué suene tu marcha ahora!

Qué se habrán ya las puertas

de tu bendita Parroquia,

para que salga ese Huerto

donde Dios sufre y ora.

Qué deslumbre a su salida

el trenzado de la soga

que sujeta a Este Hombre:

Ecce-Homo, espino y rosas.

Qué los cielos iluminen

la morenez y la honra

del Nazareno bendito

de viva Misericordia.

Y de nuevo, otro agosto,

que concluye y que corona

mi año santo cofrade

en que te alabo, Señora.

Enciende tu barrio entero:

que brille la cal sin sombra,

que la morera del Naca

verdea por verte ahora.

Ya mi pregón es un ascua

de candelas fervorosas,

y en el último renglón

que cierra mi última hoja,

un grito que es oración:

Pa tenerte a todas horas

sentadita en esta alma,

mi corazón se hace roca,

- peña pa entronizarte,

risco en el que reposas -,

y así en él siempre vivas,

para que allí siempre VIVA

NUESTRA DIVINA PASTORA.