Arturo Rivera Barrera en el Pregón Semana Santa 2007

Como tampoco me pudo extrañar que la Divina Pastora me hiciera el mejor regalo de bodas de todos. Sin saberlo, Inés, fijamos la fecha. Y sin saberlo nos descubrieron meses después que ese dia era la víspera de su besamano otoñal. Aún recuerdo el olor a nardos que inundaba la iglesia en esa lluviosa mañana, aún me eztremezco al pensar en ese día. Y aún recuerdo como también esa mañana, la Pastorcita Divina estuvo abajo con nosotros, frente a frente. Más cerca que nunca. Esa Pastora coronada, que tanto significa para ti y para mi, ese día quiso estar con nosotros en el altar mayor de la iglesia. Y quiso bendecirnos con su dulce mirada y alegrarse con nosotros con su eterna sonrisa. Y ese  día, a pesar de la lluvia, brilló un sol radiante e inmenso dentro de la Pastora, por eso no nos importó que afuera estuviera diluviando en ese 25 de octubre.